El rescate
Una compleja misión les dio el vagabundo. La cosa estaba complicada, pero Manuel José sintió un alivio al saber que el vagabundo estaba de su lado. Claramente esto fue un momento crítico que le permitió saber que lucharía por una causa justa y que Buenaventura era trigo limpio.
En mitad de la noche llego por sorpresa una extranjera con charlas de supercherías nórdicas. Manuel José ciertamente no se creyo esa mentira de sueños, y se imaginó que la niña ocultaba algo detrás de esas figuras de madera. Claro, quizás conocía a la dulce niña que se hizo pasar por su prometida en la carcel... estaba claro que aquí cada uno posaba mucho pero no decían la verdad. Independientemente de su endeble historia de extraños dioses ¿Matrusca? , ciertamente Manuel Jose no quería recordar el nombre de un dios pagano. Y menos ahora que tenían que asaltar un bastión de la inquisición.

Tras descartar varios planes como interceptar la caravana, decidió intentar ganar un poco de liquidez para comprar mejor equipo para la complicada y arriesgada misión. Por desgracia la suerte no estaba de su lado esta noche y en una injusta partida de dados, el oponente tuvo una racha de suerte y perdió la espada que había obtenido en la fuga.

Bueno, sintiendo la presión, decidió volver al cuartel, donde se enteró que habían perdido a su falsa prometida, pero por Said (ese hombre extraño pirata de tez oscura ) se encargaría de sacarla a su manera.

El barco resulto ser un autentico susto, una carraca con madera que de alguna manera flotaba. Por suerte la tripulación eran los compañeros de fechorías marítimas de sus compañeros por lo que todo fue sobre ruedas, y pudo beber y ver como probaban granadas de humo para dormir.

La misión:

Tras discusiones Manuel José decidió proponer su conocimiento de la santa iglesia para poder acceder al recinto de la prisión y poder causar distracciones para el rescate. La extraña pagana, insistió que tenía una rata amaestrada, la cual viendo que era mejor sacarla del barco que dejarla acepto llevársela. Ciertamente con la preocupación de como entrar en el castillo y recordar los ritos de la iglesia se olvidó de que llevaba dicha alimaña hasta que llego cerca del castillo y la soltó con bastante asco. Tras limpiarse con algún tronco y hierbas procedió a entrar en el baluarte solicitando el asilo de la iglesia. Una vez dentro durmió la noche esperando la mañana de la emboscada.

El rescate:
Por la mañana todo se aceleró muy súbitamente. Aprovecho para dar una rápida vuelta al patio para ver donde dormían los guardias, y para tantear donde estaría la supuesta aliada de su falsa prometida.
Mientras cantaba en italiano logro contacto con la aliada, aunque parecía más prisionera sin opción de aportar nada... y en ese momento empezó el asalto. Para crear la distracción lanzo la bomba de humo durmiente a la torre de guardia donde buena parte de los guardias cayeron noqueados por los humos. Acto seguido lanzó la siguiente avisó a la aliada/prisionera que encendiera su bomba de humo que le había lanzado previamente, para crear distracción y fue hacia la torre de la prisionera (tras esperar que la guardia corriera fuera). En cuanto vio oportunidad, procedió a cargar contra los guardias de la torre, arrebatándo la espada a uno y derrotando al resto. Pero en ese momento, la cosa se complicó. El jefe de la fortaleza, bajo en ese mismo instante por las escaleras, con una sonrisa sardónica mientras Manuel José daba la espalda a la puerta sorprendido de ver a su falsa prometida y una monja en el suelo del patio. Por suerte Catalina le avisó a tiempo para evitar una temible estocada del hombre de la túnica roja. En ese momento, Manuel levanto la espada a modo de símbolo de duelo, sabiendo que cruzaba la espada por una causa noble al ver la mirada del cardenal contra el resto. Fue una dura lucha, el Cardenal era muy diestro, y usando sus técnicas le llego a cansar. Por suerte Catalina proporcionaba las necesarias distracciones para poder atacar al clérigo espadachín, hasta llegado un punto donde Manuel vio la oportunidad de usar una técnica torres poco conocida, donde saltando por encima del oponente , le cubrió con su propia capa. En un inesperado quiebro el cardenal se separó pues habían pasado compañeros del barco en dirección al sótano, probablemente a rescatar a Buenaventura. Y es aquí donde lo indigno ocurrió. Tras jugársela a una complicada treta, Manuel logró desarmar al Cardenal, pero este hizo algo inexplicable. Con su mano preció como abrir una puerta al infierno y traer extraños demonios. Lo que es peor, estos eran Inquisidores, y el Cardenal Verdugo con su guardia personal, que aparecieron en el patio.... Llegaron en ese momento aliados del barco, Manuel aprovechó para darle un tajo a ese sucio esgrimiste que usa técnicas satánicas y que manceba el nombre de la autentica fe. Y en ese momento, por suerte apareció del cielo un inesperado aliado que mejoró la balanza del combate, pues logro acabar en un abrir y cerrar de ojos con los inquisidores, sin embargo, el perro guardián de Verdugo era duro de Roer y a saber que satánicas artes escondía este falso cardenal.
Manuel vio salir lo que presumió que era sus compañeros con Buenaventura y recordando sus épocas del ejercito se centro en la misión: Rescatar a Buenaventura. Apoyando una mano mantuvo una postura defensiva mientras intentaban retirarse, pero por alguna razón el infierno se estaba desatando, y ciertamente la sugerencia del nuevo aliado , la iglesia, parecía la única opción. Tras una breve y tensa discusión el grupo se dirigió a la iglesia, donde apareció de la nada el cardenal Verdugo. De alguna forma, cuando todo estaba perdido Buenaventura hizo un ruido y con un movimiento de su mano logro prender a sus enemigos que se vieron forzados a huir a su plano de sodomía y perfidia. Por desgracia el del techo cayo una lámpara candelabro que ensarto al nuevo aliado, el cual Manuel intentó brevemente ver si podía ayudar en vano, para correr hacia el barco juntos sus nuevos compañeros de infortunios. Habían rescatado a Buenaventura, ¿ pero a que precio?












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